ADICCION A LAS TRAGAPERRAS.

ADICCIÓN A LAS MÁQUINAS “TRAGAPERRAS”.

La adicción al juego se caracteriza por el aumento de la frecuencia en jugar y de la cantidad de dinero que se invierte, las complicaciones que se van produciendo (ruina económica, ruptura relaciones familiares, riesgo de pérdida del empleo), la pérdida de control, el grado de malestar, la incapacidad de abstenerse, la disminución de la satisfacción y una gran dificultad para frenar los deseos de repetir y continuar jugando cada vez con más frecuencia.
La ludopatía afecta en España entre un 2% y 3% de la población adulta. Además, diversos estudios muestran que la dependencia fundamental es a las máquinas “tragaperras” (por encima de casinos y apuestas en internet, por ejemplo). La gran adicción que producen estas máquinas se debe a una serie de aspectos psicológicos implicados en su funcionamiento: su amplia difusión (están por todas partes y es difícil no “verlas”; que con muy poco dinero tenemos la posibilidad de obtener buenas ganancias; el poco tiempo transcurrido entre la apuesta (echar la moneda) y el resultado (premio o no premio); indicativos visuales que generan en el jugador ciertas falsas creencias como “la máquina está caliente o a punto de dar el premio” (marcadores de bote acumulado, etc.); y el manejo personal de la máquina que genera cierta ilusión de control. Además, las luces, música y tintineo de las monedas al caer nos activan emocionalmente (incluso nos “ilusionan”).
Desde que se inicia el juego el jugador suele pasar por tres fases:
Fase de ganancia: las primeras ganancias le producen una gran excitación y expectativas de que puede aún ganar más dinero. Se genera una tendencia positiva hacia el juego.
Fase de pérdida: para conseguir más premios cada vez se invierte más dinero (arriesgando más) y aumentan las pérdidas. La accesibilidad al dinero (mediante préstamos, recurrir a familiares, anticipos en el trabajo, dinero que debía ser destinado a otras cosas) hace que el jugador pueda y siga jugando. Cuando las deudas se acumulan, el jugador sólo ve una opción para ganar y recuperarse y es: volver a jugar. Ahora ya no juega para ganar sino para recuperar lo perdido. Esta situación hace que entre en un círculo vicioso que implica gran tensión emocional.
Fase de desesperación: el juego alcanza una gran intensidad, el jugador vive sólo para jugar. Se despreocupa de la familia, amigos y trabajo. Aumentan los riesgos y puede verse implicado en problemas financieros y legales: cheques sin fondos, apropiación de dinero, acudir a prestamistas, pequeñas estafas, etc. Se incrementa el nerviosismo (y la ansiedad), la irritabilidad (incluso agresividad) y aumenta la percepción de que la vida no merece la pena.
Llegados a este punto se hace necesaria la ayuda psicológica ya que se da una ludopatía que debe ser tratada de forma adecuada para evitar el avance del deterioro físico, psicológico y social de la persona que la padece, reconducirla al estado anterior a la ludopatía y dotarla de recursos para prevenir las recaídas.

Javier Brotons. Psicoterapeuta. (Tel: 600440004).

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