DEPRESIÓN BIPOLAR

 La depresión bipolar, antaño denominada “enfermedad maníaco-depresiva”, es un trastorno que cursa con fases de manía o euforia y depresión. La fase maníaca se caracteriza por la aparición, de un período de elevación del estado de ánimo, anormal, expansivo e irritable, de al menos una semana de duración. El ánimo elevado va de una extraordinaria capacidad de entusiasmarse hasta una exaltación desenfrenada. La irritabilidad se manifiesta con enfado cuando los que rodean al paciente no se muestran acordes con él. La elevación del ánimo se acompaña de un aumento de la autoestima o grandiosidad, una disminución de la necesidad de dormir, lenguaje verborreico, fuga de ideas, distrabilidad, agitación, e implicación excesiva en actividades placenteras que ponen en peligro su vida.

La fase depresiva es en muchos sentidos el polo opuesto de la manía. Se caracteriza por la aparición de un estado de ánimo depresivo, de una duración de al menos dos semanas, durante el cual hay una pérdida de interés o placer (anhedonia) en todas las actividades. Durante el episodio depresivo se experimentan abatimiento, inhibición de la actividad intelectual, cambios de¡ apetito, peso y de la actividad psicomotora, falta de energía,

sentimientos de infravaloración o de culpa; dificultad para concentrarse o tomar decisiones, y pensamientos recurrentes de muerte o ideación, planes o intentos suicidas. También se observan alteraciones físicas en el curso de la fase depresiva; la musculatura parece lacia, la expresión del rostro se paraliza y los movimientos se enlentecen.

La prevalencia de la depresión bipolar es de un 1 a 2%, esto es, una a dos de cada 100 personas la presentan. El cuadro con frecuencia comienza entre los 20 y los 50 años de edad, aunque también suele presentarse durante la adolescencia.

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