Cambio y resistencia en la terapia de pareja.

Debemos recordar que cada uno de los cónyuges trae a la relación su propia
enajenación mental (creer que pienso cuando en realidad me lo pensaron) y
ambos confrontan las realidades ajenas a la relación, es como que se diera una
complementación entre las configuraciones previas, así el alcohólico se casa
con la codependiente, el desamparado con la protectora, la fóbica social con
el celoso patológico. Dichas complementaciones ofrecen durante el proceso
terapéutico una resistencia notable al cambio (Watzlawick, Weakland, Fisch,
1984) porque el sistema relacional patológico es producto de un extraordinario
equilibrio que imposibilita el cambio (Watzlawick, 1986). 83 Revista número 8 • diciembre 2000.


Al enfrentamiento de las realidades inventadas que traen los amantes se deberá
sumar la realidad inventada que posee el terapeuta quien no está exento de
haber sido influido por su propia experiencia personal (Guy, 1995) a lo que
se suma el modelo teórico que utiliza (Watzlawick, 1995a).


En algunas ocasiones el sistema relacional de la pareja enlaza con el modelo
relacional del terapeuta, ocasionándose entonces un estancamiento en el
proceso terapéutico, debido al aporte personal del terapeuta para mantener la
homeostasis relacional. Esto puede pasar por coincidencia en la enajenación
mental, parcialización del terapeuta con alguno de los cónyuges, similitudes
en la problemática de la relación con las propias relaciones del terapeuta,
inflexibilidad del modelo teórico, incapacidad emocional para recibir el dolor
de la pareja, incapacidad profesional o simplemente tedio.


A diferencia de otras posturas, el fenómeno de la resistencia desde la perspectiva sistémica no se concibe como un fenómeno exclusivo del consultante,
sino que es producto de todo el sistema terapéutico: pacientes y terapeuta. La
solución al impasse es la introducción al sistema de un nuevo elemento, esto
se logra con la participación del equipo supervisor. El uso del equipo supervisor es una distinción de la terapia familiar y de la TP, la fundamentación epistemológica proviene de la segunda cibernética (Von Foerster, 1987), donde el observador es observado observando (Watzlawick, 1995b).

Puesto que se ve lo que se aprendió a ver jamás logramos ver lo que
“realmente” ocurre sino lo que creemos que ocurre (Maturana, 1997), el
equipo supervisor se convierte en un nuevo punto de observación que ve al
terapeuta como parte de un sistema mientras que el terapeuta ignora dicha
configuración al observar al sistema de la pareja.


La supervisión es el recurso para salir del atolladero de la resistencia, es la
inclusión del tercero en el sistema terapéutico, dicha supervisión se la puede
hacer in situ ya sea utilizando una cámara de Gessell o sin ella, como también
la supervisión post facto ya sea analizando una grabación en video de la sesión
en cuestión o a través de la presentación del caso por parte del terapeuta. Un
nuevo sistema recientemente incorporado por el Instituto Boliviano de Terapia Familiar es la interconsulta en vivo, la cual consiste en la introducción de
un supervisor al sistema terapéutico donde el terapeuta presenta el caso y el
supervisor interviene directamente con la pareja y el terapeuta.

Para más información sobre terapia de pareja: https://www.terapiadeparejavalencia.com/

Las terapias de pareja cada vez son más solicitadas por los más jóvenes

El confinamiento al que nos tuvimos que someter el pasado mes de marzo marcó un antes y un después en la forma que tenía la mayoría de vivir las relaciones sociales, sobre todo de pareja. No todos han sido capaces de superar esa convivencia 24 horas al día, siete días a la semana; tampoco tras el anuncio de la ‘nueva normalidad’. Estar encerrados y sin socializarnos, vivir con las costumbres de tu pareja, cuyas manías se magnifican al tener que compartir espacio, el estrés y la crisis económica que estamos viviendo en este momento solo ha hecho que vayamos de mal en peor. Lo curioso es que son las parejas más jóvenes las que están notando cómo la pandemia está acabando con sus relaciones, por lo que cada vez son más los especialistas que están viendo cómo son los más jóvenes los que están solicitando terapias de pareja.

“Las parejas empiezan una terapia por motivos diversos y exclusivos de cada relación, pero sí se observan una serie de dificultades que se repiten los más jóvenes”, “Una de ellas es la falta de confianza y la segunda, los conflictos en los que se cruza la ‘línea del respeto’. Ambos problemas pueden darse a la vez, o uno como consecuencia del otro. Sin embargo, los dos reflejan una misma realidad: la desconfianza, bien causada por un motivo externo o inseguridades propias, que bien se podrían haber incrementado durante este año tan convulso.

“Hay parejas que han visto acelerados procesos en la relación o han tenido que tomar decisiones importantes a raíz de la pandemia, lo cual ha podido tener un resultado positivo o negativo en ellos”. “Por otro lado, en muchas parejas ha provocado numerosos conflictos derivados de pasar más tiempo juntos, de la incertidumbre y el estrés generados por la situación y del no tener espacios individuales ni tantas vías de escape. Puede que en algunos casos estos conflictos fuesen previos y hayan salido a la luz o se hayan agravado a raíz del confinamiento. Algunos de los más habituales son: problemas de comunicación, escasa tolerancia ante los defectos del otro y la gestión de conflictos”.

Aún así, no todo es malo: no podemos ignorar el número de parejas que han salido fortalecidas con la crisis, que las hay.

“Hay relaciones que han salido fortalecidas y se han redescubierto gracias a esta crisis. No hay que olvidar que las crisis son oportunidades también para las relaciones de pareja”, insiste Fernández-Velilla Lapuerta.

La convivencia es dura, y más cuando compartimos un espacio durante todos los días, limitados por la salida al exterior. El confinamiento ha supuesto una auténtica prueba de fuego para muchas parejas, que han visto cómo sus parejas les ofrecían una nueva faceta desconocida para ellos. La comunicación es pieza clave para superar esta prueba de fuego, pero no todos han echado mano de esa herramienta, provocando rupturas. Fuente: lavanguardia.com

Para más información sobre terapia de pareja: Terapia de pareja en Valencia. https://www.terapiadeparejavalencia.com/

La vacuna más eficaz frente a la pandemia: la promoción de la salud mental, informe del Relator Especial de la ONU.

La vacuna más eficaz es la promoción de la salud física y mental. Así lo ha expresado el Relator Especial de la ONU, Dainius Pūras, psiquiatra de la Universidad de Vilnius (Lituania), en un texto en el que detalla los motivos y argumentos que le han llevado a elaborar los diferentes documentos presentados a lo largo de los últimos 6 años en relación con su asesoramiento a las Naciones Unidas en lo que respecta a la salud y los derechos humanos.

Tras la entrega de su último informe (informe final) como Relator Especial, Dainius Pūras se despide del puesto a través de este artículo en el que vuelve a subrayar la interdependencia entre el derecho a la salud y los derechos humanos. “En este informe final, he aplicado esta comprensión de los derechos humanos a la mayor emergencia sanitaria mundial de los últimos 100 años: la pandemia de la enfermedad del coronavirus (COVID-19). He observado que el impacto del coronavirus está determinado en gran medida por la política de salud pública, el liderazgo, la desigualdad socioeconómica, el racismo sistémico y la discriminación estructural más que por factores biológicos”, señala.

Para superar la crisis generada por la COVID-19 no basta con adoptar medidas de salud pública y de emergencia, deben tenerse en cuenta todos los demás derechos humanos, explica, puesto que “no hay posibilidad de lograr la cobertura universal de salud, o contener una pandemia, si la discriminación excluye a diferentes segmentos de la sociedad de la información o los servicios”.

Para el Relator Especial el fracaso de los sistemas sanitarios en responder frente a la pandemia es una consecuencia más de los “desequilibrios de poder” presentes en los sistemas sanitarios. La falta de compromiso y priorización de la salud pública, junto con su escasa financiación, así como el desequilibrio aún más acusado de la financiación de los servicios de atención en salud mental se manifiesta en que los sistemas sanitarios “ahora no pueden satisfacer la demanda creada por el estrés mental relacionado con la pandemia.

La falta de decisiones transparentes en materia de salud está mimando la confianza en los gobiernos, según advierte Dainius Pūras, a pesar de que “la confianza es un componente crucial en la respuesta frente a una pandemia y en el cumplimiento del derecho universal a la salud. En los estados que han defendido durante mucho tiempo los principios de los derechos humanos y en los que se confía en el liderazgo, parece haber menos pérdida de vidas y menos trastornos en la sociedad. En general, estas poblaciones han apoyado y aceptado la pérdida temporal de algunas libertades en un esfuerzo por salvar vidas y volver a la función económica y social normal lo antes posible”.

Asimismo, el énfasis en el modelo biomédico, una de las críticas reiteradas de sus informes, ha afectado negativamente también al contexto de la COVID-19, en la medida en que este énfasis se centra en el desarrollo de vacunas y tratamientos médicos, dejando de lado otros aspectos más amplios de la salud pública y los derechos humanos que son determinantes para el éxito frente a la expansión de la COVID-19.

En relación con la pandemia de la COVID-19 y los derechos humanos, Dainius Pūras muestra su preocupación con tres asuntos principales. El primero, la privación de libertad y el confinamiento en instituciones penales y médicas, y el mayor riesgo de COVID-19 para las personas que viven y trabajan en estas instalaciones. El segundo tema se refiere a la salud mental. A este respecto, el Relator insta a los estados a que adopten enfoques basados ​​en los derechos humanos para brindar apoyo a todas las personas con sufrimiento psicológico y a detener el uso excesivo de intervenciones biomédicas y tratamientos coercitivos. “Creo que es imperativo que la carga de manejar y hacer frente a los impactos sociales, financieros y de salud mental del COVID-19 no recaiga sobre las personas, sino que estén bien respaldadas por la atención médica y otros servicios sociales”, añade.

Finalmente, la vigilancia digital es otra de las preocupaciones que señala el Relator en relación con la protección de los derechos humanos en el contexto de la COVID-19. Los sistemas de reconocimiento facial, de rastreo digital o la introducción de “pasaportes de inmunidad” pueden socavar la confianza de la sociedad, por su falta de transparencia y por la dificultad que supone reparar los daños ocasionados en caso de error.

Con cierto optimismo, el Relator Especial señala que la pandemia podría suponer una excelente oportunidad para que los estados reconsideren sus políticas de confinamiento, cuestionen la efectividad del encarcelamiento y abandonen prácticas obsoletas como la institucionalización de personas con discapacidades intelectuales, cognitivas y psicosociales, así como para que se pongan valor los derechos humanos a la hora de mitigar el impacto psicológico generado por la pandemia y se establezcan alternativas comunitarias. “La crisis global del COVID-19 brinda una excelente oportunidad para revitalizar estos principios y convertirlos en la base de un futuro más sostenible, justo y equitativo para todos”, concluye.

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Duelo y el duelo patológico (tratamiento)

El duelo por la pérdida de un ser querido es un proceso adaptativo normal que sigue a la pérdida, donde se atraviesan distintos momentos, que encierra una cierta complejidad, implica dolor -como indica el término latino del que proviene ´´dolus´´-, y que dura un tiempo determinado -tiene un principio y un fin-

Aunque aquí estamos hablando del duelo por el fallecimiento de un ser querido, el concepto de duelo es utilizado y extrapolable para describir o explicar cualquier proceso que suponga la pérdida de algo importante en la vida de una persona (pérdida del amor, un trabajo, la salud, una ilusión que albergáramos,…) Y si te sientes desbordado/a por una situación de este tipo también podemos ayudarte en terapia.

No habría un tiempo estipulado para indicar la duración de un duelo, pero sí un tiempo razonable para superarlo, por lo que no podemos concretar exactamente cuánto puede llegar a durar (en el DSM-V se cataloga como normal hasta 2 años). Pero sí podríamos decir que el duelo finaliza cuando el dolor ha disminuido lo suficiente para cada persona.

La pérdida de un ser querido es uno de los mayores estresores que puede experimentar el ser humano (Homes y Rahe,1976), y sentir muchas e intensas emociones en el duelo es normal. Podemos sufrir: miedo, enfado, rabia, ansiedad, culpabilidad, … aunque quizá la emoción más habitual sea la tristeza, e incluso podemos vivenciarlas de una manera tan intensa que nos desconcierten, además también es normal tener pensamientos recurrentes, diferentes conductas,…

Pero el significado personal que tiene la pérdida para cada una de las personas que la sufren es distinto y hace que los procesos de duelo sean diferentes según el doliente, y además hay aspectos que pueden influir en el desarrollo del duelo como son: el tipo de relación que se tenía con el fallecido, el modo en que se produjo la muerte, la cultura a la que pertenezcamos, los recursos personales que tiene el doliente, el apoyo social y el percibido, las experiencia previas de duelo, etc.

FASES DEL DUELO / TAREAS DEL DUELO

Todos hemos oído hablar de que el duelo tiene unas fases por las que hemos de pasar cuando estamos inmersos en él. Quizá las más famosas sean las descritas en la Teoría de Kübler-Ross:

                1.- Negación

                2.- Enfado

                3.- Depresión

                4.- Negociación

                5.- Aceptación

Y hay muchas más teorías como las expuestas por Bowlby & Parkes, Engel, Lindemann o Kaplan, entre otras, donde también se habla de distintas fases, estadios o etapas del duelo.

Todos estos autores/as entienden que todas las personas que están en duelo pasan, de alguna manera, por una serie de etapas o fases comunes en su proceso, lo que puede ayudar a comprender cómo es el proceso para los dolientes, qué les está pasando o en qué momento del duelo se encuentran.

Pero cuando hablamos de duelo, cuando profundizamos en la experiencia clínica y en la investigación en este campo, no podemos dejar de tener en cuenta algunas aportaciones muy importantes como son las de Robert Neimeyer y las de William Worden para realizar un buen trabajo de terapia y una buena práctica profesional con personas en duelo.

Robert Neimeyer es uno de los expertos más reconocidos en el Campo del Duelo. Y entiende el duelo como un trabajo donde el doliente ha de reconstruir un mundo entero de significados que se ha visto alterado por la pérdida. No habla de fases ni etapas, y le da una mayor importancia a todo lo que rodea a la persona en duelo por su influencia en su proceso. Y enfatiza que, como los matices de cada vida son únicos, “en el duelo existen generalidades pero no universalidades”, que ningún duelo es igual a otro.

William Worden, por su parte, es mundialmente conocido y una eminencia en la Psicología del Duelo. Una de sus importantes aportaciones es su concepción del doliente como agente activo dentro de su proceso, quien debe completar cuatro tareas para resolver su duelo (que pueden solaparse entre sí y no tienen por qué seguir el siguiente orden):

1.- Aceptar la muerte del ser querido (entendido desde una comprensión que va más allá de lo intelectual). Debemos integrar la parte racional y emocional de lo que nos ha sucedido.

Cuando nos quedamos bloqueados/as en esta tarea tendemos a distanciarnos de la vida, optamos por resignarnos, aguantarnos o posicionarnos en la negación de la realidad, no podemos salir del bucle de los “¿por qué …?”, los procesos de pensamiento “¿y si…?” son recurrentes, podemos sufrir insomnio, mareos, dolores físicos, sensación de indefensión, de irrealidad….

2.- Elaborar las emociones relacionadas con la pérdida.

Debemos atrevernos a sentir, a gestionar nuestras emociones y a trabajar con su significado. Si no elaboramos las emociones que surgen en el duelo, el dolor queda bloqueado –desconexión- o se manifiesta a través de emociones complejas (culpa aplastante, angustia insoportable,…), físicamente o de forma patológica.

3.- Aprender a vivir en un mundo donde el fallecido ya no está presente.

En el duelo también tenemos que aprender a rehacer un camino, enfrentarnos a nuestra seguridad/inseguridad, a nuestro autoconcepto, al miedo,… Si no podemos empezar a recuperar las áreas de nuestra vida y encontrar otras nuevas, si priorizamos la añoranza, el recuerdo, si no nos reconocemos o no confiamos en nuestras capacidades, si optamos por aislarnos… no estaremos superando esta tarea, estaremos estancados.

4.- Recolocar emocionalmente al ser querido y seguir viviendo.

Esta tarea consiste en recuperar la ilusión y el sentido de la vida, reelaborando el vínculo con el fallecido, pero si no la trabajamos sobreviviremos en lugar de vivir, nos podemos quedar anclados en el proyecto vital que compartíamos con la persona que hemos perdido, y no podremos vivir el presente con miras al futuro.

Rosa Ana Bonora, psicóloga especialista en duelo y duelo complicado.

Javier Brotons, psicólogo clínico especialista en el tratamiento del duelo. Tel: 600440004

Consulta propia en el centro de Valencia: https://www.psicologo-valencia.es/duelo-y-duelo-patologico/

Cleptomanía.

La cleptomanía se define como una conducta de repetición del hurto inútil y sin valor. Es un  impulso irresistible a robar aquello que no es ni esencial, ni necesario.

Forma parte de los trastornos de control de impulsos. La cleptomanía es más frecuente en mujeres y suele aparecer en la adolescencia. Las personas afectadas por este trastorno psicológico no acuden a tratamiento por si mismas, hasta que no pasan unos años ya sea derivados por el sistema judicial o bien para tratar otro trastorno psiquiátrico que puedan sufrir.

Es muy importante la evaluación psicológica, ya que es preciso diferenciar la cleptomanía de la actividad de un ladrón habitual, que tiene como objetivo el robar para enriquecerse o bien hacer daño al propietario del objeto robado. Para el cleptómano, el momento del robo ya és en sí mismo la finalidad del acto. No persigue un beneficio personal, ni el perjuicio de la persona a quien roba. Incluso suelen deshacerse del botín hurtado, tirándolo a la basura o regalándoselo a otra persona, ya que su objetivo no es ni acumular objetos, ni enriquecerse con ello.

El diagnóstico diferencial de la cleptomanía, incluye otros trastornos psicológicos de conductas inapropiadas que también pueden conllevar actos esporádicos de hurtos. Por ejemplo: el trastorno antisocial, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o un trastorno cognitivo como la demencia. Tambien es común que la cleptomania vaya asociada a otros trastornos psiquiatricos como el trastorno bipolar, u otras adicciones a sustancias ilegales.

Síntomas de la cleptomanía, al igual que otro tipo de adicciones, los pacientes sufren de:

  • Altos niveles de ansiedad en situaciones propicias para el acto de robar.
  • Pensamientos recurrentes de intrusión que le incitan a cometer el robo.
  • Impotencia a resistirse al impulso de cometer el hurto..
  • Tras cometer el robo, sienten una liberación de la presión, es una sensación de satisfactoria y gratificante.
  • Una vez pasa la liberación anterior,  sienten un sentimiento de culpa y remordimiento.

Tratamiento psicológico de la cleptomanía. Tel: 600440004.

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PSICOLOGIA LGTB. PSICOLOGIA GAY.

La Psicología Gay es una especialización dentro de la psicología que requiere del conocimiento de las realidades específicas y en ocasiones desgraciadamente exclusivas de la diversidad afectivo-sexual, sus procesos psicológicos y emocionales y las problemáticas más habituales y de experiencia clínica con el colectivo LGTB.

La homosexualidad conlleva realidades y vivencias que pueden generar problemáticas específicas como la homofobia interiorizada, la indefensión aprendida, miedos sociales y problemas emocionales en cierta manera diferentes a los de la población heterosexual.

El desarrollo psicosexual y psicoafectivo de homosexuales genera una forma propia de vivir la sexualidad y de vincularse afectivamente, por lo que para tratar sus posibles dificultades hay que poseer un conocimiento exhaustivo de la sexualidad de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales y de los distintos modelos de pareja que se establecen.

Además, la homosexualidad lleva asociada un proceso único el de asunción de la orientación sexual.

La Psicología Gay es la especialización de la psicología que conoce las problemáticas de gais, lesbianas y bisexuales citadas anteriormente y las trata con las técnicas más adecuadas.

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Tratamiento del dolor crónico

La hipnosis clínica ha demostrado ser una herramienta útil en el tratamiento de una
amplia variedad de problemas psicológicos y médicos. Una de las áreas de aplicación de la hipnosis con mayor evidencia empírica de su eficacia, es en el manejo del dolor, permitiendo,además, obtener resultados beneficiosos para el paciente en menos tiempo que programas de tratamiento que no incorporan esta técnica.

Las técnicas hipnóticas pueden ser administradas en el tratamiento de tipos y formas
de dolor, ya que se ha demostrado su utilidad para el tratamiento de:

• Dolor agudo: Es un dolor que se produce como consecuencia de una estimulación
nociva (herida, procedimiento médico, enfermedad). Nos referimos al dolor relacionado con procedimientos odontológicos, tratamiento en quemaduras, procedimientos quirúrgicos,procedimientos radiológicos, dolor del parto….

Dolor crónico: Es un dolor que procede de una herida o de una enfermedad que
provoca con el tiempo, una estimulación nociva repetitiva, que puede implicar un dolor constante en algunos casos, como el dolor oncológico, migrañas y cefaleas, colon irritable, artritis reumatoide, osteoartritis, dolor lumbar, fibromialgia…

Históricamente, la hipnosis se comenzó a desarrollar y utilizar en el manejo del dolor
agudo, ya que, en el siglo XIX, se extendió poco a poco su uso en las salas de operaciones. El cloroformo y el éter aún no se habían descubierto y las operaciones se realizaban sin anestesia, por increíble que esto nos pueda parecer ahora. En 1850, Esdaile, utilizó la hipnosis para conseguir efectos anestésicos en intervenciones quirúrgicas mayores, lo que suponía una alternativa para los angustiados pacientes. Desde entonces, se han escrito infinidad de artículos en los que se describen operaciones con anestesia hipnótica o autohipnosis como único analgésico. No obstante, tras el descubrimiento de los anestésicos químicos, la hipnosis quedó en desuso en el tratamiento del dolor. Hoy sabemos que es una técnica que puede ser muy útil como complemento a otras en casos en los que el dolor es una parte relevante de la
sintomatología del paciente. Nos referiremos especialmente al dolor crónico y repetitivo. El dolor relacionado con algunas enfermedades, en ocasiones, no remite ni mejora con un tratamiento médico, como  sucede, por ejemplo, con la migraña, enfermedades reumatoides, artrosis o brotes de fibromialgia que implican una estimulación nociva recurrente y continua. En estos casos, en los que los tratamientos médicos no son capaces de reducir el dolor de forma significativa, se suele recurrir a la intervención psicológica.

Hay que tener en cuenta que la persona que padece un dolor recurrente necesita una
intervención que elimine o reduzca su dolor, pero que a la vez, no suponga una reducción de su nivel de actividad, potencie los tratamientos médicos que esté recibiendo y le permita utilizar herramientas propias, de modo que adquiera mayor independencia del médico y aumente su nivel de autoconfianza. Podemos emplear técnicas hipnóticas para tratar el dolor consiguiendo analgesia hipnótica con el fin de mejorar la calidad de vida del paciente y su autonomía personal. Para comprender los efectos que las técnicas hipnóticas nos pueden aportar, hemos de entender el concepto de hipnosis, que podemos definirlo como un estado natural de concentración focal, activa y atenta unido a un estado de relativa desconexión de la atención periférica a los estímulos ambientales irrelevantes, que permite que la persona hipnotizada utilice al máximo sus capacidades innatas para controlar y cambiar la percepción, la memoria y las funciones somáticas, normalmente involuntarias, aumentando el autocontrol sobre su conducta, sus percepciones y su cognición. En el caso del control del dolor, sin duda, los cambios más importantes son los que tienen que ver con el funcionamiento físico, en concreto, con respecto a los cambios en la percepción, ya que en hipnosis, se pueden experimentar sensaciones que de otra manera no se percibirían (sensaciones “positivas”,como cosquilleo o calor), así como se pueden no percibir sensaciones que, de otro modo, se percibirían (sensaciones “negativas” como el dolor en sí mismo). La capacidad de modificar la percepción permite el desarrollo de la analgesia o de la anestesia hipnótica. Con anestesia nos referimos a la ausencia de sensación mientras que la analgesia sería la ausencia de dolor, pero no de sensación. En general, las técnicas hipnóticas nos van a permitir desarrollar analgesia más fácilmente que anestesia hipnótica, ya que, para conseguir ese efecto, el sujeto debe puntuar como altamente sugestionable para poder beneficiarse de este efecto.

Cuando un paciente acude a consulta psicológica buscando ayuda para manejar su
dolor, hemos de tener en cuenta múltiples aspectos a evaluar y valorar, especialmente, si vamos a emplear la hipnosis como herramienta en su tratamiento. Hay que dejar claro desde el principio, que la hipnosis va a ser utilizada integrada dentro de una intervención terapéutica más amplia y que el empleo de la hipnosis no va a ser algo mágico que en una sesión le elimine por completo su dolor. Asimismo, hay que adecuar el procedimiento hipnótico a las características individuales del paciente con el fin de facilitar su ajuste a la técnica.

Tratamiento del dolor crónico y fibromialgia:

Antonio Monge. Psicólogo. Tel: 602 51 28 70.

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Tratamiento de la ansiedad en Valencia

Psicologo colegiado (CV03246) con 20 años de experiencia y docente e investigador en la Universidad, especialista en el tratamiento de problemas y trastornos de ansiedad. Tratamiento psicológico de: ansiedad crónica, ansiedad generalizada, agorafobia, trastorno obsesivo compulsivo (toc), trastorno por estrés postraumático (tept), fobia social, fobias específicas (amaxofobia, acrofobia, fobia a la sangre, claustrofobia….), trastorno de pánico…..

Especialista en el tratamiento de la amaxofobia (miedo a conducir) en sesiones prácticas de conducción y la aerofobia (miedo a volar o miedo a los aviones) con sesiones en el aeropuerto.

Teléfono: 600 44 00 04. Javier Brotons. Psicólogo col CV.03246.

Para más informaciónhttps://www.psicologo-valencia.es/ansiedad/

 

MIEDO A ATRAGANTARSE: FAGOFOBIA.

La fobia a atragantarse se basa en el miedo irracional a ahogarse que tiene la persona al anticipar o realizar la conducta de ingerir alimentos, bebidas o pastillas. La exposición a dicha conducta provoca en la persona una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de un ataque de pánico situacional, y este fuerte miedo o ansiedad lleva a la persona a escapar o evitar la conducta de ingerir alimentos.

En relación a la etiología u origen, la fagofobia podría venir desencadenada a partir de una experiencia traumática en la que la persona sufre un atragantamiento, aunque en muchas ocasiones la persona que la sufre no ha tenido esta experiencia.

El miedo a atragantarse es anticipatorio y por tanto denota un problema de ansiedad en la base que debe ser tratado para corregir este problema.

Tratamiento de la fagofobia:

                  Javier Brotons (psicólogo col.CV03246). Tel. 600 44 00 04.

                                      www.psicologo-valencia.es

MIEDO A PONERSE ROJO: ERITROFOBIA.

¿Qué es la Eritrofobia?

La Eritrofobia es una fobia específica que se encuentra dentro del grupo de las fobias o miedos sociales. La Eritrofobia es el miedo a ruborizarse (sufrir el “golpe de sangre”).

Causas de la Eritrofobia

Encontrarse en un ambiente social en que eventualmente uno puede ser el centro de atención puede desencadenar el enrojecimiento facial. Ante la a mirada de los demás , el afectado puede temer la crítica, el menosprecio o la humillación del grupo o simplemente las atribuciones que puedan realizar sobre él.

Generalmente, el rubor facial empieza en la etapa de la infancia o la adolescencia.

Consecuencias de la Eritrofobia

El temor a ruborizarse genera ansiedad. Se produce el círculo vicioso por el cual el propio miedo a ruborizarse puede desencadenarlo. Ante este miedo intenso a que una situación social pueda desencadenar en la ruborización, se tiende a evitar dichos encuentros sociales: retracción social. Puesto que el miedo al rubor enfatiza la ansiedad a ruborizarse, las situaciones previsibles pueden ser cada vez más numerosas, y este temor puede permanecer y consolidarse durante la madurez.

Sonrojarse: ¿es malo?

Ruborizarse, en sí mismo, no es ninguna patología ni, por lo general, es síntoma de ningún trastorno. Sonrojarse es una reacción corporal plenamente normal y no es necesario seguir ninguna pauta o tratamiento para evitarlo. El escenario en que ponerse rojo pueda ser un elemento que acentúe un trastorno psicológico de fondo y esto afecte al normal desarrollo diario de la persona, sí puede ser motivo suficiente como para tomar algunas medidas, puesto que estamos ante un caso de Eritrofobia.

Tratamiento de la eritrofobia en Valencia:

Javier Brotons (psicólogo colegiado CV03246). Tel. 600 44 00 04.

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